Ya son 32 años del terremoto del 85

Ciudad de México, 19 de septiembre de 1985, día en el que se marcaría un antes y un después en la CDMX.

Apenas amanecía en lo que antes se conocía como el Distrito Federal. Las familias defeñas se preparaban para salir a sus labores, algunos ya iban en camino a su trabajo, los niños se alistaban para la escuela y otros tantos ya cumplían con sus deberes.
Nadie se imaginaba que ese, sería el día que México recordaría por siempre.

Eran las 7 de la mañana con 17 minutos cuando un fuerte terremoto con una magnitud de 8.1 grados en la escala de Richter sacudió la ciudad dejando a su paso casas derrumbadas, heridos, personas atrapadas entre los escombros y miles de muertos.

El epicentro tuvo lugar en el Océano Pacífico mexicano cerca de la desembocadura del río Balsas en la costa michoacana, a unos 15 kilómetros de profundidad.

Se vinieron abajo hospitales, casas particulares, edificios, inmuebles comerciales, etc. Fue el sismo más violento que se ha registrado hasta hoy en la historia de México.
Cientos de personas entre ellos, bomberos, policías y voluntarios los cuales eran jóvenes de entre 14 y 25 años, ayudaban para intentar rescatar con vida a las personas que quedaron atrapadas bajo los escombros.

Por desgracia, no se daban abasto, fueron horas y horas de incertidumbre, tristeza y preocupación las que vivieron los defeños.
En sus dos minutos de duración, el sismo derrumbó alrededor de 400 edificaciones.

Más de 14 mil víctimas fueron trasladadas a puestos de socorro y hospitales que no sufrieron daños graves, donde les brindarían la ayuda necesaria para su recuperación.

El 20 de septiembre a las 7:40 pm un segundo terremoto  con intensidad de 7.5 en la escala de Richter y con el mismo epicentro agravó la situación causando pánico en la población.
En un hospital del Distrito Federal, el personal se encontraba atendiendo a las víctimas del primer terremoto cuando la tierra comenzó a temblar. Mientras tanto, las personas abandonaban sus hogares por miedo a que éstos se les vinieran abajo.

Cerca de 16 recién nacidos fueron rescatados de entre los restos de los edificios. Organizaciones civiles crearon un fideicomiso para apoyar a este grupo de niños sobrevivientes del temblor. Les cubrieron gastos médicos, educación y alimentación.

Al final, lo que se pensaba de los reglamentos de construcción eran adecuados para cualquier eventualidad, no sirvió de nada cuando aquella mañana, la Tierra se estremeció, llevándose consigo miles de vidas.

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